.
Mostrando entradas con la etiqueta Citas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Citas. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de julio de 2017

Insaciable


La sed del mar es una sed sin fin: se muere y nunca acaba de morir.
Octavio Paz

jueves, 2 de febrero de 2017

Soldado a su cuerpo


   Sus caricias poseían una extraña cualidad. Unas veces eran suaves y evanescentes, otras, fieras, como las caricias que Elena había esperado cuando sus ojos se fijaron en ella; caricias de animal salvaje. 

   Había algo de animal en sus manos, que recorrían todos los rincones de su cuerpo, y que tomaron su sexo y su cabello a la vez, como si quisieran arrancárselos, como si cogieran tierra y hierba al mismo tiempo.

   Cuando cerraba los ojos sentía que él tenía muchas manos que la tocaban por todas partes, muchas bocas tan suaves que apenas la rozaban, dientes agudos como los de un lobo que su hundían en sus partes más carnosas. 


    Él, desnudo, yacía cuan largo era sobre ella, que gozaba al sentir su peso, al verse aplastada bajo su cuerpo.


   Deseaba que se quedara soldado a su cuerpo, desde la boca hasta los pies.

Fragmento de "Delta de Venus"

Anaïs Nin



Fotografía:Mikhail Makarenkov

viernes, 13 de enero de 2017

La promiscuidad del detalle




El primer plano de un rostro es tan obsceno
 como un órgano sexual visto de cerca.
 Se trata de un órgano sexual.
 La promiscuidad del detalle,
 el zoom-in,
 adquiere un valor sexual.

Jean Baudrillard

miércoles, 11 de enero de 2017

O

   

El joven no dijo nada más. La acarició tan largamente en los labios de la hendidura de la vulva que O empezó a jadear hasta perder el aliento.
      Después de haberse hundido en ella, el joven cambió la vulva por el ano, pronunciando en voz muy baja: “O”. 
      Ella sintió que se cerraba en torno de aquella estaca de carne que la empalaba y la hacía arder.

Historia de O 
Pauline Réage 
Fragmento

Hatuma Djaora

   

      En aquellos tiempos vivía en Wagadu una mujer extraordinariamente hermosa... se llamaba Hatuma Djaora, pues era de la familia de los Djaora. Era las más hermosa de toda la comarca.

 Su padre le dijo:

     -No quiero que te cases con un hombre que no hayas elegido tu misma. Yo no te impondré ninguno. ¡Haz tu voluntad!

 Hatumata dijo:

     -No me casaré con un hombre porque sea rico, porque tenga muchos caballos o ganado, pues no me gustan los hombres ricos sino sólo los astutos

La astuta. Hatumata Djaora. Sahel