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lunes, 5 de junio de 2017

Tras el cristal

            

         No, no te confundas,  no hay caballeros andantes, príncipes encantados ni hombres perfectos; como tampoco hay princesas, mujeres, madres o amantes inmaculadas.

           Somos seres imperfectos. Y todos, absolutamente todos pecamos de inocentes, de crédulos, cuando pensamos que un día cualquiera llegará una persona que nos va a suplir nuestras faltas, nuestras necesidades, hacer realidad nuestros sueños y  por supuesto, será entonces justo con esa persona especial que seremos felices para siempre.

El para siempre no existe.

        Los sueños solo nosotros los podemos realizar, las necesidades son muchas y tantas veces un producto impuesto; las faltas solo nosotros podemos subsanarlas, superarlas o aceptarlas.

       No, no hay milagros, al menos milagros de este tipo. No hay magia, la magia somos nosotros mismos. Batallar por causas perdidas no es luchar, es desgastar lo poco que nos va quedando a lo largo del camino. 

       Sabemos cuando algo termina, cuando ya no hay cura para tanta herida, cuando nos es insoportable hasta el tacto de la piel.

Y es que, admitir que el sueño terminó, que no es eterno, duele, porque en el fondo, sentimos un vacío , un abismo inmenso, un dolor que retuerce...

    Llegar, dar , recibir, repartir y partir son hechos indiscutibles, impepinables de todo aquel que vive el instante, que fluye y siente en plena libertad.

No, no podemos permitirnos ser a penas un ser que sobrevive, estancado, que estaba adormecido en el sueño irreal de un "para siempre"