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martes, 11 de julio de 2017

El

No puede dejar de pensar en él. Cierra los ojos y vuelven las imágenes compartidas a martillearle una a una, una y otra vez.

   Contempla  el cielo azul, limpio, brillante de sol, bajo la mirada despacio y frente a ella , montañas decoradas con hileras de casitas blancas con tejados ocres.Se fijó en las ventanas, detrás de cada una de ellas, una historia, le gusta imaginárselas.

                        Está  al otro lado de la cala que los separa. Ella viste pantalones de algodón claros, anchos por la calor , remangados hasta las rodillas para que el agua refresque sus piernas, le encanta el ir y venir de las olas serenas. Necesita el color, el sonido, el olor y hasta el sabor del mar, solo él que ha nacido cerca puede sentir.

    Intenta relajarse antes de que aparezca,la pone nerviosa su espera, siempre le ocurre.

    De pronto, pero muy suavemente y en silencio, siente su mano cogerla la cintura.Le  encantan sus manos,  delgadas y finas, le resultan muy varoniles.

    La  besa la nuca y siente el beso húmedo de sus labios carnosos, se gira para verle, tiene una sonrisa tan bonita; pero mejor es su mirada.

     Nunca le gustaron los ojos azules, le producían cierta desconfianza, sin embargo, su mirada es penetrante y profunda.


  Pasean  en silencio, deseosos de estar a solas, van hacia la habitación escogida.

  Subiendo hacia ella, retira su mano ansiosa, no quiere que se adelante.

   Cuando entran, ella ya húmeda, no puede evitarlo, su sola presencia la excita.

   Le acaricia el pelo, es oscuro y largo, como a él le gusta, ella siempre accede gustosa a sus deseos, le gusta que así sea y así debe ser.

   Intenta hablarle pero no quiere, le tapa los labios con su dedo índice, hoy no quiere decir nada, hoy no quiere que le diga nada.

    Se acomoda en la amplia cama y ella, de pie, empieza lentamente a desnudarse para él , todo sucede según lo previsto, le aprieta contra su  pecho y deja que baje.

         Lo toma  del pelo volviéndolo  a apretarlo contra ella, le gusta tanto su olor, lo sienta tan de ella , le acaricia el cuerpo, se detiene a su antojo, le pasa la punta de la lengua donde mas le gusta, como solo el sabe hacerlo, él le enseño su  propia satisfacción.

         La penetra por delante sin dejar de mirarse a los ojos, lo hace muy despacio, le gusta oír sus gemidos, mirarla a la cara cuando grita de placer.

      Acaba,  ha pasado mucho, mucho tiempo, mas del habitual, están sudando; se acarician las pieles , húmedas, trémulas.

               Víctor se levanta y va ha darse una ducha, es hora de irse;  no quiere esperar que acabe, esta vez, se ahorrará el bochornoso y humillante tramite;también podrá ahorrarse el dinero.

Es su regalo de despedida.

Se he dado cuenta hoy, que no puede vivir sin él.

Escrito allá por el 2009  
Besos de los míos 
a mares ...

María